Dicen el tiempo y los años que todo lo van cambiando, pero no saben del fuego que nos sigue cobijando. Las arrugas en la piel son mapas de lo vivido, pero el alma sigue intacta con el amor que ha nacido. El amor no tiene edad ni reloj que lo detenga, no le importa el calendario ni el pasado que sostenga. Se mide en las miradas, en las manos que se enlazan, en los besos que reviven y los miedos que abrazan. Somos dos almas eternas en un mundo de momentos, celebrando la fortuna
de este libre sentimiento
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